A pesar de que la necesidad de cuidarnos y evitar el contagio del COVID-19 sigue latente, los bogotanos ya están cansados de la monotonía, es por esto que, con las nuevas medidas tomadas por la Alcaldía, permiten que las personas se puedan movilizar y hacer planes diferentes teniendo en cuenta todos los protocolos de bioseguridad.

De acuerdo a lo anterior, en las próximas semanas, presentaré una guía de siete artículos, en lo que se sugieren siete lugares para visitar cerca de Bogotá, todos ellos, cumplen con el tipo de turismo que mas estamos buscado: el turismo seguro y bienestar, que conecta con la naturaleza, la historia, la cultura y la salud.

El primer destino que sugiero es San Antonio del Tequendama, un municipio ubicado en el departamento de Cundinamarca, en la Provincia del Tequendama; el cual se encuentra a 56 km de Bogotá. El municipio se formó en el sitio de Cubsio, lugar de reunión de indígenas procedentes de Bojacá y Sagasuca.

“Con las nuevas medidas tomadas por la Alcaldía, permiten que las personas se puedan movilizar y hacer planes diferentes teniendo en cuenta todos los protocolos de bioseguridad”.

Ir a San Antonio es dar un paseo en el tiempo, en el kilómetro 19 por la vía Bogotá-Mesitas del Colegio, se encuentra Cubsio, una vereda, que pertenece al municipio de San Antonio y es un verdadero museo al aire libre. Allí, se observa petroglifos que fueron grabados en piedras y son de un tamaño de aproximadamente 2 metros y también se aprecian piedras con variedad de motivos, entre ellos espirales, círculos concéntricos, hileras de puntos, caras triangulares, cuadradas, entre otros. Por otro lado, se observan pictografías, que son pinturas rupestres hechas con sustancias minerales, animales o vegetales de color rojo.

La mayoría de las piedras están en predios privados, pero con autorización de los dueños, se pueden apreciar.

Durante la caminata por la vereda se contemplan piedras imponentes y reconocidas por antropólogos e historiadores, entre las que se destacan: la piedra del Trueque, de las constelaciones, de los sacrificios, de la fertilidad y cientos de piedras con arte rupestre, las cuales son pinturas y grabados de antepasados indígenas, panches y muiscas que dejaron plasmados hace miles de años a.C.

Uno de los sitios más hermosos de San Antonio, es La cascada “La Quina” se encuentra ubicada en el predio Alejandría, en la vereda La Rápida, a pesar de que solo se puede visitar con un permiso especial de la Alcaldía, es una reserva maravillosa, llena de árboles nativos y exóticos como orquídeas, robles, cedros, palma boa, entre otros.

Esta reserva es un refugio y zona de alimentación para el oso perezoso de dos dedos, zorros, guatines, zarigüeyas, ardillas rojas, boas, colibríes, pavas y lechuzas. Según, Pablo Guerra Velásquez ingeniero ambiental de la Secretaría de Desarrollo Rural, Económico y del Medio Ambiente de la Alcaldía de San Antonio del Tequendama, el trabajo de su conservación ha sido muy exigente, y por esto la cuidan de manera muy cuidadosa, con el fin de que no sea destruida por el público, sino que por el contrario sea un espacio de contemplación. Esta reserva es casi un templo de biodiversidad.

Si vamos a San Antonio, no podemos perdernos, el delicioso sudado Bochica, plato tradicional de la zona, ni las deliciosas tortas de Balu que hace la señora Balbina Herrera, quien recuperó la receta del plato tradicional y ha ganado reconocidos premios por su arte al cocinar.

La maravillosa biodiversidad de esta región, la hace una de las más diversas del departamento por su variedad de aves, flora y fauna, se disfruta caminando los senderos empedrados de varios kilómetros, que sin duda nos devuelven en el tiempo y nos llevan a conectarnos con nuestros antepasados y con nuestra esencia.

También se puede disfrutar de Chicaque uno de los parques más valorados por su naturaleza, al igual, que el parque de los Tunos, el parque Cubsio y Peñas Blancas, que son sitios únicos, maravillosos y verdaderamente fascinantes, sitios que cualquier persona que vive en una metrópolis quisiera disfrutar. Los visitantes tienen la fortuna de tenerlo a solo una hora y media de Bogotá.

Así que visitar este lugar es una gran opción para tomar aire y cambiar la rutina, conectarnos con bellas aves y piedras que plasmaron un sentir de nuestros antepasados de los que cada día nos sentimos más orgullosos, al conocer su sabiduría y conexión espiritual.

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