Llega Semana Santa en medio de una situación atípica que jamás pensamos vivir, lo cual llevó a que los tradicionales planes que se realizan esta semana cambiarán completamente. El representativo domingo de Ramos, las procesiones que se ejecutan en las calles de algunos barrios y ciudades, las visitas a templos para ver los monumentos, la ceremonia del agua y el fuego, entre otras, se han tenido que ver suspendidas debido a la cuarentena obligatoria que se generó a raíz de la llegada del COVID-19 a nuestro país.

Sin embargo, esto no es impedimento para que la comunidad de fieles pueda conmemorar la Semana Santa desde sus casas, y teniendo este tema como referencia, quiero hablar acerca de la maravillosa arquitectura religiosa que aún se ve en nuestro país referente a la época de las Colonias, la cual se desarrolló en el siglo XVI.

Para ese entonces Colombia hacía parte del Nuevo Reino de Granada y en la actualidad aún sobresalen algunos diseños de esa época, en catedrales e iglesias. Aunque no son muchas, me gustaría mencionar algunas: por ejemplo la cabecera y traza de la iglesia de San Pedro Claver en Cartagena, la catedral de Santa Marta, la iglesia de San Francisco en Popayán, la ermita de San Laureano en Tunja, la cual fue la primera iglesia construida en esta ciudad, también la de Santa Clara que queda en esta mismo lugar y la catedral de Santiago de Tunja, el campanario y la cúpula de la iglesia de San Ignacio ubicada en Bogotá y una de las más simbólicas la Chivita en Boyacá.

En estas iglesias se manifiesta la presencia de un tradicionalismo estético y constructivo enraizado en lo gótico, un arte que se puede apreciar en los arcos, cubiertas, bóvedas y cabeceras de estos turísticos lugares, que llaman la atención por sus exuberantes naves, muros robustos y cerrados, los cuales están cubiertos por alfarjes.

El siglo XVI, fue reconocido por la producción de una arquitectura religiosa secular y regular. Cabe resaltar que muchas construcciones estuvieron a cargo de los indígenas quienes aprendieron de las técnicas de albañilería, carpintería y pintura dados por españoles quienes crearon obras de gran complejidad, a través de dibujos, enfocándose en los territorios de Santafé de Bogotá, Tunja, entre otros.

Cada uno de estos expertos impregnaba en su diseño toda su experiencia técnica y artística, el cual se hacía a partir de una idea y construcción fragmentada.

Las iglesias pertenecientes a los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, por ejemplo, se ajustaron a un mismo patrón, gracias a unos contratos que se hicieron con el licenciado español “Luis Henríquez” y su equipo de carpinteros albañiles, para diseñar todas las iglesias con las mismas características: muros de tapia pisada, con portada o portalejo, puerta con arco de medio punto, espadaña, varios contrafuertes, pocas ventanas, arco total, una nave y cubiertas con armadura de madera.

Otro de los aspectos importantes de la arquitectura religiosa, está relacionada con los conventos pertenecientes a las diversas comunidades religiosas que erigieron en el país. La finalidad catequística de los conventos fue indudable, lo que llevó a la distribución geográfica nacional y así asegurar la permanencia de la institución. Estos diseños están inspirados en un santo o santa titular a la que están consagrados.

Para mencionar uno de los más tradicionales está el convento de Monguí de misioneros franciscanos, el de San Agustín y Santa Clara en Tunja, al igual que el conjunto religioso de San Ignacio.

Lastimosamente en la actualidad no es mucho lo que podamos disfrutar de ellas, ya que algunas se sustituyeron por cierto número de nuevas construcciones y otras desaparecieron por falta de cuidados.

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