Foto: Expedición Provincia – Ricardo Uribe. 

Este municipio cundinamarqués, que hace una década era un municipio más del departamento, se está convirtiendo cada día, en un lugar agradable y atractivo para pasar los fines de semana y salir de la rutina de Bogotá, se trata de La Mesa.

En la actualidad este lugar  ofrece buenos restaurantes, agradables hoteles, una hermosa catedral, caminatas ecológicas por senderos reales, y muchas cosas más, se encuentra rodeada de municipios como Mesitas del Colegio, Tena, Viotá, Anapoima y Apulo, que la acompañan con invaluables patrimonios culturales y geográficos, como fincas cafeteras de la época colonial, la Laguna de Pedro Palo, el Salto de las Monjas, el Salto del Tambo e innumerables legados de Muiscas y Panches en arte rupestre.

La Mesa, se está despertando, y sus tierras están recuperando la grandeza y brillo que por más de tres siglos la vieron aborigeneres, virreyes, patriotas y comerciantes.

En este lugar acontecieron sucesos de trascendencia mundial que marcaron la historia, entre los más destacados están:

  • Esta población estuvo vinculada a la gesta libertadora. Según, el historiador Jorge Barón, La Mesa fue el centro de reclutamiento y entrenamiento de soldados que sirvieron a la causa patriota. Desde allí partió la primera campaña militar de la Independencia,
  • El libertador Simón Bolívar en  cuatro oportunidades paso por La Mesa recogiendo tropas y armando la estrategia de su compaña.
  • Entre La Mesa y Tena, se gesta  la célebre Expedición Botánica del Virreinato de la Nueva Granada en 1783. Este gran evento científico  internacional, dirigido por el reconocido botánico José Celestino Mutis, encontró en estas tierras sofisticadas especies en  flora y fauna nunca antes vistas y descubrió la Quina, haciendo un aporte inmenso a la botánica.
  • El gran aporte de este legado no solo se dio en la historia y la ciencia, sino también en el comercio. Durante las épocas de la colonia y la república La Mesa fue la plaza comercial más importante de las rutas reales. Allí confluían mercaderes del Magdalena, se intercambiaban  productos de tierra caliente con los de la Sabana de Bogotá; además de mercaderías, también se intercambiaba arte, ciencias y letras.
  • Por último, está la leyenda de Juan Díaz, el comerciante de oro, el cual fue castigado por su avaricia y cayó en desgracia terminando en pobreza. Según Alfonso Peña, director de la Biblioteca de La Mesa, en una disputa maldijeron las riquezas de Díaz, y éste a su vez  respondió: “Ni Dios puede quitármelas”, de inmediato se vino un torrencial aguacero que acabó con su casa y sus riquezas. Según esta historia, el espíritu de Juan Díaz hoy deambula por La Mesa, y se le ve o siente en la neblina que baja del Salto del Tequendama y/o en la laguna de Pedro Palo.

Este municipio, ubicado a pocas horas de Bogotá y que esta semana de marzo celebra sus 243 años, se está convirtiendo en un maravilloso lugar para pasar unos días agradables, con un clima ideal para la salud, conectarse con la naturaleza, tomar café local de altísima calidad, visitar cultivos de mango, recorrer los pasos de la independencia y la ciencia, y disfrutar de una deliciosa y variada gastronomía.

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